El único documento aceptado por la Iglesia Católica, en el que se menciona a estos personajes es en el Evangelio de San Mateo, en el que se dice que unos magos venidos de oriente (no dice cuantos, no dice sus nombres, ni que fueran reyes), llegaron a Judea preguntando donde estaba el recién nacido Rey de los Judíos, al que venían a adorar guiados por una estrella.

Se menciona en este evangelio que Herodes el Grande, rey de Judea, ordenó interrogarlos y les pidió que cuando lo encontraran se lo comunicasen para ir él también a adorarle.

Cuando estos magos encontraron a ese niño, le ofrecieron un presente de oro que representa a los reyes, otro de incienso que representa a los dioses y otro de mirra producto muy valioso que se utilizaba para embalsamar a los muertos.

Fueron advertidos en sueños que no volvieran a informar a Herodes, pues lo que este quería era acabar con un posible rey de los judíos y volvieron a sus países por otro camino.

Solo en los Evangelios apócrifos, no aceptados por la Iglesia, se menciona a tres magos y se les nombra como Melchor, Gaspar y Baltasar.

La palabra `mago´ describe a un astrólogo que puede predecir sucesos por medio del estudio de las estrellas.

Después, la pintura y la literatura se han encargado de continuar con esta leyenda que tanto nos gusta, subiéndoles a la categoría de reyes.

De este pequeño pasaje de los Evangelios viene la tradición de los Reyes Magos y con esa excusa compramos regalos, hacemos una cabalgata y nos comemos unos roscones riquísimos para terminar la Navidad.

La noche del 5 de Enero seguimos poniendo los zapatos en el balcón o en la ventana y seguimos poniendo leche y galletas para que repongan fuerzas y sigan repartiendo ilusión casa por casa.

¡¡¡QUE NUNCA NOS ABANDONE LA ILUSIÓN!!!

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