Este Halloween de 2020 hay algunas cosas que no podemos hacer, pero quedan muchas otras que podemos seguir haciendo en Madrid, siempre con todas las medidas de seguridad necesarias.

Podemos comer en un restaurante, podemos tomar una caña en la terraza de un bar, podemos ir al teatro o al cine, podemos pasear Madrid y sobre todo podemos seguir celebrando Halloween contando historias de miedo.

La historia real que voy a contar sucedió en California.

“El autobús escolar llevaba a mas de una veintena de niños y niñas de vuelta a casa, en su último día de clase antes de las vacaciones de verano. Los escolares cantaban y gritaban. Estaban contentos de haber acabado el curso.

Sus edades oscilaban entre 6 y 14 años. Hacía calor y todos deseaban llegar a casa para darse un chapuzón en la piscina.

De repente, el conductor frenó bruscamente. Cruzada en la carretera había una furgoneta que parecía averiada. Rápidamente unos hombres encapuchados y empuñando armas de fuego se acercaron, amenazando con disparar si no abría las puertas.

Hicieron bajar a todos del autobús y les obligaron a subir a unos vehículos que tenían escondidos entre los árboles. Durante horas y con un calor extremo, los niños y el conductor fueron llevados a una cantera abandonada.

La situación era dramática. Los niños lloraban y el conductor intentaba dialogar con aquellos individuos, sin conseguirlo. Todos estaban aterrados.

Los delincuentes preguntaron a cada niño su nombre, su dirección y el teléfono de sus padres. Después les obligaron a entrar en la oscura cantera. Una de las niñas gritó: ¡Es una tumba, nos van a enterrar!

No, no era una tumba. Era una camioneta totalmente enterrada, menos la parte trasera por cuyas puertas debían entrar todos.

Otro chico dijo: ¡Es un ataúd para enterrarnos a todos! Los gritos eran desgarradores mientras entraban a empujones en aquel cubículo.

A duras penas pudieron ver varios colchones viejos en el suelo. Cuando todos hubieron entrado, los secuestradores cerraron la puerta y empezaron a echar paladas de tierra hasta conseguir que la parte trasera de la camioneta también quedase enterrada. No había ventilación, ni agua, ni comida. Se hizo un silencio espeluznante. Se agarraban unos a otros buscando una seguridad que ninguno podía ofrecer.

Cuando pasaron unas horas, el aire empezaba a escasear y el conductor habló con los chicos mayores. Les propuso apilar los colchones para intentar llegar al techo, donde suponía que había una placa metálica que podrían desmontar y a través de ella poder retirar la tierra que cubría el vehículo. Así lo hicieron. Durante horas fueron rascando con las manos kilos y kilos de tierra que entraba en la camioneta, con la esperanza de llegar a ver el cielo.

Después de mas de 15 horas, un rayito de luz iluminó las caras de los niños. Siguieron retirando tierra con mas fuerza, turnándose el conductor y los chicos mayores.

Y por fin fueron saliendo uno por uno, agotados, sucios y hambrientos. No sabían donde estaban, pero con la ayuda del conductor llegaron a un camino donde pudieron tener contacto con una persona que llamó a la policía. No tuvo que dar muchas explicaciones, ya que los padres habían estado denunciando la desaparición de los niños desesperadamente.

Todos estaban bien, pero muy asustados. Los secuestradores fueron detenidos.

Han pasado 44 años y todavía algunos de aquellos niños y niñas, no pueden dormir con la luz apagada y sufren pesadillas mas frecuentemente de lo que desearían”

FELIZ HALLOWEEN

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